borrachera

(2014)

La mariposa revolotea

como si desesperara

en este mundo

Kobayashi Issa

hallé una noche de otoño en el fondo del vaso, el viaje sin retorno, la sed de sur. en esos tiempos giraba ebria en torno al filamento equivocado, extraviada junto a un fantasma vivo. no encontraba arista benefactora de la que asirme. bailaba mareada mis pensamientos mortales haciendo cuerpo ausente. pensé que eras más chica me dicen los borrachos, curiosos de un tiempo que me es ajeno. con la mirada llena de sed, deslicé al costado una mueca. qué figura jodida la paradoja, qué figura jodida, me digo. la penosa máscara deshilvanada impregnó mi vino de toda la muerte occidental, hasta vomitar el primer destello de los ojos atesorados, la mirada nueva. con todos los enemigos dentro de la cajita de mi misma para un combate postergado. con el miedo como enemigo de tanto decir no puedo. me partí de frío aquella noche de perros callejeros, me partí en la noche su vejez impune, el cadáver que grita cada vez más cerca del oído. y en la mañana la resaca. solté entonces los brazos de esa vida de esa muerte para habitar el jardín más deseado. abrí las cortinas, las ventanas. abrí al día más gris del fondo de aquél vaso, los sentidos. me abrí a la contingencia y a los estallidos de silencio.

3 comentarios sobre “borrachera

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  1. El final del texto me recordó mucho a un fragmento de «El sistema del tacto», de Alejandra Costamagna. Me permito compartirlo:

    «De pronto se le ocurre que el origen de sus problemas es que no tiene jardín. Ania piensa que regar un jardín de noche debe ser como rescatar un pájaro sin canto o atravesar un océano o golpear frenéticamente las teclas de una máquina de escribir. Y que sin jardín ni pájaros ni teclados ni mares abiertos donde poner la mente en remojo, todo se vuelve improbable. Pero está segura, segurísima, de que en el futuro cercano, después de que todo esto pase, tendrá un jardín y lo regará con esmero. Como si fuera un pequeño campo del interior, un territorio liberado de los recuerdos y la sangre. Lo regará con el sistema del tacto, como si se tratara de un corazón desfalleciente, con celo de taquígrafo».

    Me quedo leyendo en tu espacio.

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